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sábado, 21 de enero de 2017

BASÍLICA PALEOCRISTIANA VEGA DEL MAR, San Pedro de Alcántara, Málaga.

La basílica paleocristiana de Torre la Vega en San Pedro de Alcántara, monumento fechado en el siglo VI D.C. Considerado una de las iglesias cristianas mas antiguas de la Península Ibérica.

Vista aérea de la planta de la iglesia.
Plano de la Iglesia según Perez de Barradas.
El edificio es de planta casi cuadrada de unos 11,50 mts de lado, y formadas por tres cuerpos:, el central, dedicado al culto y dos atrios laterales de acceso, que estaban separados del cuerpo central por una fila de columnas con arcos. Como en todas las iglesias de este grupo, lo primero que llama la atención es la existencia de dos ábsides contrapuestos, uno semicircular al este y el otro, que era el ábside principal, al oeste en forma de herradura e inscrito en un rectángulo que forma dos aposentos laterales a su alrededor. De éstos, el situado al norte contiene una magnífica pila bautismal, tallada en una sola piedra con forma exterior de pez, de claro simbolismo cristiano, y cuatrilobulada en su interior con los siete escalones que corresponden a los siete grados del misterio del Espíritu Santo descritos posteriormente por San Isidoro: tres de descenso, el central y tres de ascensión. Este aposento tiene dos puertas, una al exterior y otra a la nave, como corresponde al rito según el cual el nuevo catecúmeno no debía entrar en la iglesia hasta haber sido bautizado.

Pila Bautismal de forma CUATRILOBULADA.
Las entradas estaban situadas en los costados norte y sur donde quedan los restos de pórticos laterales, de los que el del lado norte ha sido utilizado para enterramientos.

Vista de la nave central.
También hay una gran cantidad de tumbas de distintas épocas, que abarcan desde el Imperio hasta el siglo VII, alrededor de los ábsides conteniendo restos de gran interés entre los que se podrían destacar desde una botellita piriforme de vidrio, de clara tradición romana, y restos de cerámica del tipo de "terra sigilata" que, aunque de origen romano, se siguió produciendo en la época visigoda, hasta losas de mármol decoradas, una de ellas con dos aves enfrentadas, otra con un crismón constantiniano que es posiblemente el más antiguo encontrado en España. También el hecho de haber encontrado monedas desde la época imperial hasta de Liuva II indican que la basílica, o al menos la necrópolis fue utilizada durante un largo periodo.

Estancias de la iglesia.
Tumbas alrededor de la Basílica.

Construcción pobre a base de mampuesto.

Muros de las diferentes estancias.
La construcción es pobre como en todas las iglesias de este grupo, de mampuesto pequeño y ladrillo con mortero, de una calidad muy lejana a la de las iglesias cruciformes del siglo VII. Sin embargo en algunas zonas, fundamentalmente en los pilares se observa la existencia de otro tipo de construcción a base de grandes sillares mucho mejor tallados, lo que unido al hecho de que estos pilares están situados de forma bastante irregular respecto a la planta de la basílica y a la existencia de tumbas y de monedas de época anterior, hace pensar que este edificio del siglo VI fuera construido sobre los restos de un edificio anterior, posiblemente una basílica paleocristiana, quizá destruida en un terremoto que hubo en la zona el año 365.






BIBLIOGRAFÍA:

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HAUSCHILD, Theodor; SHLUNK, H.. Die denkmäler der frühchristlichen und westgotischen Zeit. 1978, -.
HUBENER, Wolfang. Zur chronologischen Gliedrung des graberfeldes von San Pedro de Alcántara, Vega del Mar, Málaga. Desconocida, 1965.
PALOL SALELLAS, P.. Arqueología cristiana de la España romana. Desconocida, 1967.
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PÉREZ DE BARRADAS, José Antonio. Exploraciones arqueológicas en la colonia de San Pedro de Alcántara, Málaga. -.
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PÉREZ DE BARRADAS, José Antonio. La Basílica Paleocristiana de Vega del Mar. 1980, -.
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POSAC MON, Carlos. La Basílica Paleocristiana de Vega del Mar. 1982, 88.
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PUERTAS TRICAS, Rafael; POSAC MON, Carlos. La Basílica Paleocristiana de Vega del Mar. 0, pp.282-283.
RIPOLL, G.. Los hallazgos de época hispanovisigoda en la región del Estrecho de Gibraltar. 1988, -.
VÁZQUEZ DE PARGA, L.. Objetos paleocristianos y visigodos procedentes de San Pedro de Alcántara: Málaga. 1947, pp.126-28.
VILLASECA DÍAZ, Fernando; GARRIDO LUQUE, Antonio. Actuación arqueológica de urgencia en la Duna de San Pedro de Alcánatara, Marbella, Málaga. 1993, pp.389.

















sábado, 26 de noviembre de 2016

TERMAS DE CARACALLA, Roma.

Las termas de Caracalla, o termas Antoninas, fueron unos baños públicos de la Roma imperial. Se construyeron entre 212 y 217 d.C., bajo el gobierno del Emperador Caracalla. Se inauguraron con el nombre de Termas Antoninas. Actualmente, las extensas ruinas de estas termas son una atracción turística importante. Aunque fueron despojadas de sus esculturas y demás riquezas desde fecha temprana, se conservan aún grandes fragmentos de mosaicos, algunos de ellos correspondientes a la planta superior del edificio, que se desplomó.

UBICACIÓN DE LAS TERMAS.
Varias de las gigantescas bañeras de mármol, esculpidas en un solo bloque, se trasladaron al centro de Roma para usarlas como fuentes. Su escultura más famosa, el grupo llamado Toto Farnesio, se conserva en el Museo Arqueológico de Nápoles. Actualmente, los restos del complejo se encuentran entre la Viale Aventino (avenida Aventino), y la Viale delle Terme di Caracalla(avenida de las Termas de Caracalla).

PLANTA Y PRINCIPALES ESTANCIAS DE LAS TERMAS.
El edificio fue destruido por un terremoto en 847, aunque ya desde 537 no se usaba porque los canales de agua resultaron destruidos en una guerra.
Las Termas de Caracalla se convirtieron en el complejo de baños más lujoso de toda Roma, y su tamaño sólo fue superado por las Termas de Diocleciano. Sin embargo, sus restos arqueológicos son los más grandes conservados en la actualidad.

RECREACIÓN DE LAS TERMAS.

Los edificios fueron construidos en un periodo de cinco años aproximadamente, lo que supone un logro de la ingeniería romana, considerando la enormidad del complejo. Las termas contaban con un gran recinto, de más de 400 metros de anchura entre los ábsides, y una estructura central en donde se encontraban las termas propiamente dichas. A su alrededor había un amplio jardín. Para el suministro de agua, se desvió hacia los baños un ramal del acueducto Aqua Marcia para abastecerlo, que recibió el nombre de Aqua Antoniniana Iovia.



Parte Norte y Sur

En el siglo III a. C., en la zona en que serían edificadas después las termas, había un amplio estanque conocido como Piscina Pública. Cuando en el siglo III d. C. los baños se terminaron y se inauguraron, reemplazaron la antigua piscina.

VISTA DE LA PISCINA.









RECREACIÓN.












En la parte Norte había un pórtico, precedido por una serie de locales en dos niveles, en los cuales, probablemente, se ubicaban varias tiendas. El pórtico y las habitaciones servían como soporte estructural de la Colina de Celio. En el lado Sur se encontraba el medio estadio, con gradas para los espectadores, que servían para ocultar las grandes cisternas que había detrás de ellas. Estas cisternas podían contener un total de 80.000 metros cúbicos de agua. Situadas simétricamente, había dos grandes estancias más, que seguramente sirvieron como bibliotecas.

GRADAS Y MEDIO ESTADIO.
Parte Este y Oeste

En los lados Este y Oeste se construyeron dos grandes exedras laterales y simétricas. En el espacio central había un ábside precedido por una columnata, con pequeños locales a cada lado, uno de las cuales tenía forma octogonal y estaba cubierto por una cúpula.



Área central del complejo


Las habitaciones de las termas se diseñaron simétricamente en torno al eje central de los baños, siguiendo el modelo habitual de la Roma imperial. A ambos lados había dos entradas que llevaban a los vestuarios o apodyteria, con un corredor central que conducía a dos habitaciones a cada lado con bóvedas de cañón. Al igual que el resto del complejo, el suelo estaba decorado con mosaicos. 

ZONA DE LA BÓVEDA DE CAÑÓN.
Desde los vestuarios se podía acceder a la palestra (gimnasio), para practicar ejercicios físicos, a cubierto o al aire libre. Los usuarios hacían ejercicios gimnásticos o practicaban la lucha cuerpo a cuerpo, y mano a mano. La zona era un amplio patio sin cubierta, rodeado en tres lados por pórticos, con techo abovedado y suelos de mosaico de espiga. En el otro lado había un amplio semicírculo. Los mosaicos del suelo, del que han sobrevivido grandes fragmentos, en su momento fueron excepcionalmente bellos y de vívidos colores. Al finalizar los ejercicios físicos, los romanos podían dirigirse a las termas, usadas conjuntamente por ambos sexos.



El caldarium tenía una enorme sala circular cubierta por una cúpula, de la que se conservan varios pilares de sujeción. La habitación fue diseñada y situada dentro del complejo para recibir la luz del sol a lo largo del día mediante unas grandes ventanas. Sus paredes eran calentadas a través de tubos huecos de terracota. Desde el caldarium se pasaba al tepidarium, en donde originalmente se encontraban dos grandes bañeras a ambos lados. En el centro del edificio estaba ubicada la basílica, cubierta por tres grandes bóvedas de crucería, soportadas por unos imponentes pilares. La natatio era la última estancia a la que se podía acceder. Se trataba de una gran piscina descubierta; hoy sería considerada como una piscina olímpica, que tenía uno de sus muros frente al de la fachada exterior, decorada de nichos con estatuas.



Decoración

Tan importante como el diseño fue la decoración. Además de los ricos y vívidos mosaicos del suelo, los baños fueron decorados con valiosas obras de arte, como por ejemplo el Hércules Farnesio o el Toro Farnesio, ambos ahora en el Museo Arqueológico de Nápoles. Los mosaicos no tenían siempre el mismo diseño, en algunas áreas representaban escenas, y en otras había suelos con motivos geométricos.

ARQUEÓLOGOS RESTAURANDO LOS MOSAICOS
















Los hornos


Las Termas de Caracalla eran un gran complejo de baños de agua caliente. El problema del abastecimiento fue fácilmente resuelto, pero calentar el agua fue un problema más complejo. La solución consistió en un horno interior y otro exterior, en el cual se encontrarían los esclavos avivando las llamas. En función de la habitación a la que estuviera destinada, las aguas se calentaban a una temperatura o a otra. Para mejorar la difusión del calor, se construyó el sistema del hipocausto, bastante práctico y eficaz.

DIBUJO RECREANDO EL FUNCIONAMIENTO DE LA CALEFACCIÓN EN LAS TERMAS.


Mitreo de las Termas de Caracalla


Se trata de un lugar sumamente importante porque en la sala, que mide 25 metros de largo por 10 metros de ancho, se encuentra una "Fossa Sanguinis", es decir, la Fosa del Sacrificio, en la que se realizaba el sacrificio del toro en honor a Mitra.
La sangre del toro servía para bautizar a nuevos adeptos en una ceremonia que debía desarrollarse en tinieblas alrededor del pozo.
Esta fosa es la única que se conserva de todos los templos de Roma, dedicados a Mitra.
Mitra era un joven que nació en una gruta el 25 de diciembre, que se sacrificó por el bien, murió para resurgir y hacer llegar el bien a todos los hombres.



La obra de restauración consistió en asegurar y proteger a esta fosa, limpiar toda la sala y un fresco que representa al dios.
Esta imagen se encuentra en pésimo estado, ya que fue borrada en la antigüedad, probablemente debido al triunfo del culto cristiano, que competía con el culto a Mitra.
Durante los trabajos de restauración también se mejoró la iluminación del Mitreo con el fin de evidenciar los espacios.

El Mitreo fue encontrado en 1912 en las famosas Termas de Caracalla, en la primera parte de largos y misteriosos subterráneos. Estas termas eran una especie de spa para los antiguos romanos, puesto que había saunas, gimnasios, bibliotecas, un lugar para comer y otro para hacer masajes.




martes, 8 de noviembre de 2016

SANTA MARÍA ANTIQUA, Foro, Roma.

Santa María Antiqua (o Antigua Iglesia de Santa María) es una iglesia católica, con advocación mariana, construida en el siglo V en pleno Foro Romano.

Ubicada a los pies del Monte Palatino, Santa María Antiqua es el monumento cristiano más antiguo y significativo del Foro, y contiene una colección única de pinturas murales, fechadas entre el siglo VI y finales del VIII. El descubrimiento de estas pinturas han dado luces sobre las primeras etapas del arte medieval. A su vez, la iglesia posee la más antigua representación de la Virgen María como Reina de los Cielos, fechada hacia el siglo VI.




Construida a mediados del siglo V, en la vertiente noroccidental de la colina del Palatino, Santa María Antiqua fue el principal monumento cristiano del Foro Romano. Sus paredes fueron decoradas con una serie de coloridos frescos representando a la Virgen María y el Niño Jesús, además de santos, Papas y mártires cristianos; en una época en que la iconoclasia fructificaba en el Imperio bizantino y miles de frescos e iconos eran destruidos en Oriente. A principios del siglo VIII, el Papa Juan VII utilizó esta iglesia como la sede del obispo de Roma, realizando la decoración que actualmente sobrevive en esta.



En el año 847, un fuerte terremoto destruyó parcialmente la iglesia, siendo posteriormente abandonada. Por esta razón, el Papa León IV mandó a construir la iglesia de Santa María Nova (actual Basílica de Santa Francesca Romana) en las inmediaciones del mismo Foro, utilizando parte de las ruinas del Templo de Venus y Roma, y donde se encontraba una capilla que conmemoraba la caída de Simón el Mago. Santa María Antiqua volvería a ser sufrir más daños durante el Saqueo de Roma en el año 1084.

En 1617, fue construida la iglesia de Santa María Liberatrice (Sancta María libera nos a poenis inferni) sobre sus ruinas; pero, posteriormente en el año 1900, fue demolida para traer los restos de la antigua iglesia medieval a la luz. Su redescubrimiento, no solo dio visiones nuevas sobre el temprano arte medieval, sino también se convirtió en un elemento clave para entender el desarrollo cultural y urbanístico del Foro Romano en los primeros años de la era cristiana.






Las gruesas paredes de Santa María Antiqua son escenario de numerosos frescos de diferentes estilos artísticos, realizados entre los siglos V y IX. Cada habitación de la iglesia, sumado a cada pared y al altar, se pueden atribuir a diferentes épocas, tendencias, artistas y papas que encargaron las pinturas, entre los que destacan Martín I (649-653), Juan VII (705-707), Zacarías (741-752) y Paulo I (757-767). La cantidad de erosión y destrucción de los frescos hacen que la obtención de un registro exacto de los estilos sea difícil, reuniéndose una cronología aproximada, no exacta, de las decoraciones. Para ello, los historiadores contemporáneos se basan en iglesias de la época para ayudarse a unir similitudes, lo que se hace más difícil en el caso de Santa María Antiqua, ya que ninguna otra iglesia de la antigüedad tardía posee tal colección de tan diversos estilos artísticos.






Sin duda, los diversos estilos de Santa María Antiqua están marcados por el gobierno de turno que tuvo la ciudad de Roma durante su utilización: desde la caída del Imperio Romano de Occidente por los godos en el siglo V a la llegada del Imperio bizantino, y la posterior influencia lombarda desde finales del siglo V a mediados del VIII son clave para entender la historia pictórica de la iglesia. A lo anterior, se suma la presencia de artistas de la comunidad griega, de gran raigambre en la ciudad; y la de la sede de la administración bizantina en el Monte Palatino, junto a la iglesia. Estos diversos cambios de influencia son atestiguados por los restos de inscripciones de los Papas Martín I (en griego), Juan VII (en griego y latín) y Paulo I (en latín).

RECREACIÓN DE LOS FRESCOS.

En el palimpsesto del presbiterio se denotan a lo menos seis capas de decoración, que representan diferentes estilos, fechas e influencias. Las primeras dos capas corresponden a antiguos mosaicos paganos de entre los siglos IV y VI, que fueron rápidamente reemplazados por los primeros frescos de Santa María Antiqua; sobreviviendo apenas el 2% de ellos en la actualidad, debido a los frescos pintados sobre estos. La tercera capa, fechada entre los años 500 y 550, contiene restos de la Reina de los Cielos, la más temprana asociación de la Virgen María con esa advocación, y el ángel pompeyano. En esta capa, los arqueólogos fijan el cambio de giro desde estilos lineales tradicionales romanos hacia otros de corte más helenístico y bizantino. La cuarta y quinta capa (h. 570-655) denotan claramente este cambio, reafirmando la influencia bizantina en Roma. La sexta capa (705-707) corresponde a las reparaciones y decoraciones realizados durante el pontificado de Juan VII, y que son las que sobreviven actualmente.

El estilo helenístico es notable por la presencia de blancos brillantes y el sombreado del pelo y túnicas de las figuras, las que son colocados en posturas en movimiento. Es interesante notar que, aunque mucho de los frescos sobrevivientes de Santa María Antiqua son helenísticos, estos carecen de fondos de este estilo, donde son clásicas las villas y columnas. En cambios, los fondos son más objetivos y neutrales. Ejemplos tempranos muestran las pupilas de las figuras ennegrecidas y mirando de frente, con los detalles en los contornos de la cara: primero, la figura era realizada a partir de puntos, luego era coloreada, y finalmente se le colocaban los detalles más finos. El helenismo se empezó a manifestar durante el tiempo que el ángel pompeyano fue pintado, y eclipsó los estilos más paganos, alrededor del año 650. Los frescos de la época de Martín I, Juan VII y Paulo I proporcionan un claro ejemplo de las tendencias estilísticas a través de decoraciones supervivientes, los cuales son claros ejemplos de la capacidad de los artistas para incorporar diferentes técnicas y estilos. En consecuencia, estos estilos, de pronto, se convirtieron en generaciones de artistas que se dedicaban a Santa María Antiqua continuando o interrumpiendo las tendencias pictóricas.




El estilo helenístico es notable por la presencia de blancos brillantes y el sombreado del pelo y túnicas de las figuras, las que son colocados en posturas en movimiento. Es interesante notar que, aunque mucho de los frescos sobrevivientes de Santa María Antiqua son helenísticos, estos carecen de fondos de este estilo, donde son clásicas las villas y columnas. En cambios, los fondos son más objetivos y neutrales. Ejemplos tempranos muestran las pupilas de las figuras ennegrecidas y mirando de frente, con los detalles en los contornos de la cara: primero, la figura era realizada a partir de puntos, luego era coloreada, y finalmente se le colocaban los detalles más finos. El helenismo se empezó a manifestar durante el tiempo que el ángel pompeyano fue pintado, y eclipsó los estilos más paganos, alrededor del año 650. Los frescos de la época de Martín I, Juan VII y Paulo I proporcionan un claro ejemplo de las tendencias estilísticas a través de decoraciones supervivientes, los cuales son claros ejemplos de la capacidad de los artistas para incorporar diferentes técnicas y estilos. En consecuencia, estos estilos, de pronto, se convirtieron en generaciones de artistas que se dedicaban a Santa María Antiqua continuando o interrumpiendo las tendencias pictóricas.


























BIBLIOGRAFÍA:

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- Santa Maria Antiqua Project. «Santa Maria Antiqua: history from antiquity until the year 847 A.D.». Soprintendenza Archeologica di Roma. Consultado el 13 de junio de 2009.
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- Angiolino, Loredana (2004). «Santa Maria Antiqua: Chiesa Bizantina a Roma». Bollettino Telematico dell'Arte (en italiano) (363). ISSN 1127-4883.
- Claridge, Amanda (1998). Rome: An Oxford Archaeological Guide. Oxford: Oxford University Press. ISBN 0-19-288003-9.
- Avery, Myrtilla (1925). «The Alexandrian Style at Santa Maria Antiqua, Rome». The Art Bulletin 7 (4): 131-149. doi:10.2307/3046494.
- Folgero, Olav (2009). «The Lowest, Lost Zone in the Adoration of the Crucified Scene in Santa Maria Antiqua in Rome: A New Conjecture». Journal of the Warburg and Courtauld Institutes 72: 207-219.
- Iglesia de Santa Maria Antiqua, Wikipedia.